Nefertiti, icono de belleza y moda en Egipto

 

¿A qué no te es ajeno este sonoro nombre? ¿Y a que su imagen tampoco te resulta desconocida? No es extraño que así sea, porque a pesar de que su vida transcurrió en el siglo XIV A. C., se trata de otra de esas mujeres del Mundo Antiguo cuya fama se debe a su extrema belleza y a la influencia política que ejerció como esposa del faraón Ajnatón.

Y es que no es casualidad que su nombre signifique “La bella ha llegado” tal y como nos la muestra la Historia y el conocido busto de arcilla policromada que de ella se conserva en el Museo Egipcio de Berlín.

Las esculturas y relieves de la época que han llegado a nuestros días revelan que se trataba de una mujer esbelta, de rostro con rasgos finos y de caderas redondeadas y voluptuosas, ojos almendrados, orejas delicadas, cuello largo, labios carnosos y perfectamente trazados; pómulos marcados, barbilla fina y nariz, estrecha y recta.

Estas “fotografías” de la época también muestran a una Nefertiti simpatizante con el maquillaje, con labios rojos y ojos cuidadosamente perfilados en color negro, que le conferían una extrema belleza. Curiosamente las representaciones artísticas de personas, habían sido hasta la fecha sin muestra alguna de emoción en los rostros y es a partir de Nefertiti que se incluyen las señales de afecto y mayor libertad gestual en las figuras representadas.

Tuvo seis hijas y tanto estas como la propia Nefertiti simbolizaron la fertilidad femenina. Y es que su vestimenta reafirmaba y sugería esa idea tan preciada en el mundo egipcio de la fecundidad: siendo el lino el tejido principal de la época, Nefertiti incorporó en sus túnicas un drapeado más rico del habitual, con plisados (pliegues) más complejos y largos que los que venían siendo usados por la realeza.

Dentro de esta leyenda de belleza que rodea a la reina, muchas muestras artísticas la recrean con prendas de lino plisadas muy finas, casi transparentes, aunque se tiende a pesar que los verdaderos tejidos usados por Nefertiti fueran de mayor grosor.

Además el lino es difícil de teñir, por lo que lo normal era que apareciera con su tono crudo-blanco básico y que los toques de color los aportaran los complementos como los suntuosos collares, las diademas bajas, brazaletes y coronas que variaban según los estamentos sociales, pero entre los que predominaban las tonalidades en azul y verde agua.

En cuanto a las formas de sus ropajes, las evidencias históricas revelan que sería habitual que los recogiera en alguna parte del cuerpo, como en la cintura, en torno al pecho o sobre uno de los hombros, jugando con incluir a la prenda un brazo al aire y otro con manga o diferentes composiciones con el largo y existencia de las mangas.

Es innegable el estilo propio de esta bella mujer y como su influencia permanece en las épocas más recientes con el amor por todo lo egipcio que recogieron las tendencias Art Decó, o los vestidos Bandage o de bandas que sugieren el sudario de las momias y que han cobrado fuerza en los últimos tiempos; o con los característicos labios rojos, ojos perfilados y pelo negro cortado a lo bob del movimiento femenino de las Flappers allá por los años veinte, cuando la afición de estas a la música Jazz era considerada una auténtica transgresión.

Entre los misterios que envuelven su persona (y no son pocos), se teoriza sobre la posibilidad de que su poder fuera máximo y con gran responsabilidad en el origen del monoteísmo instaurado por su esposo el emperador y que estableció para ambos un estamento a caballo entre la realeza y el dios Atón.

Siglos y siglos después, su serena belleza, su estilo e influencia y su mito, siguen resultando estimulantes para el arte, la historia, la política y su polémica leyenda, pero también para el mundo de la Moda, constituyendo un auténtico símbolo de belleza.

 

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